Hablamos con Ana Serrano Soriano

Ana Serrano es una profesional de la seguridad y la salud laboral con muchos años de trayectoria, y la impulsora de «El libro de los casi 300 prevencionistas», un proyecto colaborativo nacido en LinkedIn en marzo de 2026 con el objetivo de reunir historias reales de compañeros y compañeras de toda España y dar visibilidad al factor humano de la profesión. Con esta obra coral, Ana reivindica el orgullo de una labor que muchas veces pasa inadvertida y que, cuando funciona, se traduce en algo tan sencillo y tan esencial como que todo el mundo vuelva sano y salvo a casa.

 

1. ¿Cómo surgió la idea de escribir «El libro de los casi 300 prevencionistas» y qué objetivo te planteaste al iniciar este proyecto?

Surgió como un reto y una necesidad de romper con la frialdad y burocracia con la que habitualmente se habla de nuestro trabajo. Llevo muchos años en seguridad y salud laboral y sentía que con mis medios debía conseguir darle voz y poner en valor nuestra profesión.

En realidad, comenzó como y con un sueño y una pregunta abierta lanzada a la comunidad de Linkedin en marzo de 2026: “¿Y si escribimos juntos el libro que la prevención se merece?”. Ante años de salvar vidas en silencio y lidiar con la realidad del tajo, la iniciativa nació como un proyecto colaborativo para reunir 300 historias reales y dar visibilidad al factor humano de la profesión. Sin pretensiones de redactar artículos técnicos ni manuales normativos, la convocatoria invitaba a compartir anécdotas, aprendizajes o momentos surrealistas (por escrito, por audio o como quisieran hacérmelas llegar), asumiendo la labor de unificarlas sin perder la esencia que me quisieran trasladar.

Quería saber que había detrás de las personas que quería sacar a la luz todo aquello que los manuales técnicos y los boletines oficiales no cuentan: el peso moral que supone firmar un documento a deshoras, el nudo en el estómago ante un riesgo inminente en una obra, la incomprensión organizativa, el reto del factor humano y también esas pequeñas victorias cotidianas donde sabes que alguien ha vuelto a casa sano y salvo gracias a una conversación fuera de protocolo. El objetivo nunca fue escribir un libro individual, sino construir una obra coral, un rompecabezas donde casi trescientos compañeros nos desnudáramos personal y profesionalmente. Buscaba crear un altavoz colectivo, reivindicar el orgullo de nuestra labor y demostrar que invertir en las personas es la única forma de asegurar el éxito de todo lo demás.

2. La cultura preventiva es uno de los grandes retos de nuestra sociedad. ¿Qué papel crees que tienen los profesionales de la prevención en su desarrollo y consolidación?

Nuestro papel debe ser, indiscutiblemente, el de agentes de cambio. Durante demasiado tiempo se nos ha encasillado en el rol del Técnico que fiscaliza papel o a frena la operativa de una empresa.

Para consolidar una verdadera cultura preventiva, debemos liderar la humanización de las organizaciones. No podemos quedarnos esperando a que suceda un incidente para que cobre relevancia, tenemos que poner en valor precisamente ese incidente que no ocurrió gracias a nuestra labor. Y precisamente ese es nuestro valor, el de educación: Transformar hábitos en conductas seguras y saludables desde la empatía, poniendo el foco en el bienestar psicosocial y la salud mental con la misma firmeza que en la seguridad física.

La cultura se contagia día a día cuando logras que las personas entiendan que cuidarse y cuidar al compañero tiene que ver con su propio proyecto de vida.

3. La comunicación es fundamental para que la prevención llegue a las personas. ¿Crees que los prevencionistas sabemos comunicar el valor de nuestro trabajo? ¿Qué deberíamos mejorar?

Sinceramente, y haciéndolo desde una autocrítica constructiva, creo que históricamente nos ha (o nos está) costado muchísimo. Nos cuesta hacernos entender, tenemos que tener presente que detrás de un lenguaje plagado de tecnicismos, construimos una barrera invisible que nos distancia de la sociedad, de los trabajadores, mandos intermedios o comités de dirección.

¿Qué debemos mejorar? Todo empieza por entender la comunicación como un motor pedagógico y emocional.

Tenemos que aprender a escuchar, a dar tiempo (de calidad) y espacio a quienes queremos ayudar, a mirar a los ojos a las personas y a explicar el porqué de las cosas sin condescendencia. Además, cargamos con una paradoja injusta: el éxito de la prevención es silencioso, porque cuando hacemos bien nuestro trabajo no salimos en los medios de comunicación; simplemente no pasa nada.

Por eso, tenemos que aprender a contar la historia del accidente que no ocurrió, traducir nuestro impacto técnico en valor humano y empresarial, y perder el miedo a comunicar con cercanía, naturalidad y pasión.

4. El concepto de comunidad también está presente en las conversaciones alrededor del libro. ¿Qué importancia tiene generar vínculos y compartir conocimiento entre los profesionales de la prevención?

Es fundamental para no quedarnos solos y no quedarnos en el camino. La del prevencionista ha sido tradicionalmente una profesión muy solitaria, a menudo incomprendida y sometida a una carga mental y legal tremenda.

Cuando te aíslas en tu propia empresa o servicio técnico, la sensación de estar predicando en el desierto puede ser demoledora. Por eso, todo empezó en un punto:

¿Ves es punto? Es un prevencionista salvando una vida hoy.

Y así nos sentimos muchas veces «como un punto casi invisible…»
Nuestra labor, la burocracia ante la inmensidad de según que actividades o una sociedad en la que no encaja nuestro discurso. … muchas veces justificando que nuestro que nuestro trabajo es vital para sostenibilidad económica y social de la soledad.

Vital, pero casi invisible para el mundo. Y nos pasa que en los encuentros, reencuentros, en los eventos donde coincidimos, nos sentimos en casa, nos entendemos, hablamos el mismo idioma… estamos conectados!

Aquí comienza la red, del punto a la magia…, aquí comienza la historia; la tuya, la nuestra… como comunidad que nos reconocemos a nosotros mismos y donde en las distintas asociaciones de España, o del mundo, la unión hace la fuerza y aumenta nuestra visibilidad como colectivo.

Y donde la suma de 300 historias individuales estoy segura de que creará un impacto positivo, masivo e innegable.

Nuestras historias, nuestro pasado y presente tiene que marcar el hito de hacernos más visibles  y llevar al mundo nuestra profesión, nuestra pasión, nuestra forma de vida…

Tejer comunidad y compartir conocimiento sin corsés o costuras que aprietan, hablando con honestidad de lo que funciona, pero también de los miedos, las dudas y los tropiezos cotidianos, nos da un respaldo emocional y profesional imprescindible. Este proyecto colaborativo ha demostrado que lo que le quita el sueño a un técnico en un polígono remoto de cualquier pueblo de Aragón es exactamente lo mismo que vive un compañero en una fábrica de Barcelona o en una obra de Andalucía.

Generar comunidad salva vidas de forma directa en los centros de trabajo, pero sobre todo sostiene la vocación y la salud mental de quienes nos dedicamos a cuidar.

5. Desde Fundación IUVARE trabajamos para reconocer y poner en valor a los profesionales de la prevención. Desde tu experiencia, ¿qué retos tiene por delante la profesión y qué deberíamos hacer para dar mayor visibilidad a su contribución a la sociedad?

Iniciativas como la vuestra son justicia social y son muy necesarias para librar esa invisibilidad estructural que padecemos.

Por delante tenemos retos gigantescos: la gestión real de los riesgos psicosociales frente al auge de la ansiedad y el estrés, el impacto de las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, el envejecimiento de las plantillas y la necesidad urgente de dejar de ser vistos como un “coste obligatorio” para pasar a ser una valiosa inversión estratégica.

Para ganar visibilidad social, debemos derribar las paredes de nuestra propia burbuja sectorial (somos los mismos en todos los eventos preventivos…). Y nuestro oficio no debería empezar en el primer contrato laboral; tiene que educarse desde la escuela y formar parte de los valores de la sociedad civil.

Necesitamos estar en el debate público, en los medios de comunicación y en los foros donde se toman decisiones estratégicas sobre el modelo de trabajo que queremos. Tenemos que visibilizar que detrás de cada jornada laboral concluida con salud hay un derecho fundamental defendido y una aportación decisiva a la sostenibilidad social laboral y humana de nuestro país.

6. Para terminar, te pedimos que nos compartas cinco palabras, una por concepto, que para ti definan la profesión de prevencionista en nuestro país.

  • Vocación (la convicción interna que sostiene el compromiso diario sin esperar medallas que solo alimentan los egos).
  • Empatía (la capacidad de conectar con el factor humano y ser capaces de mirar más allá).
  • Coraje (la integridad y firmeza necesarias para sostener y mantener la responsabilidad en los momentos críticos).
  • Pedagogía (la constancia de educar conductas y transformar hábitos desde la cercanía).
  • Trascendencia (el impacto silencioso de saber que nuestro mayor triunfo es que todos vuelvan sanos y salvos a casa).